sábado, 27 de abril de 2013







Por Harry Zarate Ceballos
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El arte es seducción, no rapto.
Susan Sontag

Artista es imaginación, es la aparición de lo efímero  es la sustentación del yo, ahora es liquido,  como el amor.  Se empieza a humanizar la imagen de este ilustre personaje del pasado, “El artista son una especie intermedia; al menos establecen una metáfora de lo que de ser; son productivos en cuanto que cambian y transforman realmente; no como el hombre de conocimiento, que todo lo deja como esta”[1] Nietzsche. Partiendo de esta cita se puede llegar a vislumbrar la postura de un artista hoy en día cuando saliendo de ese orden social que se le da, intelectual empedernido y agente de cambio se va perdiendo esa imagen retrocediendo pasando a ser una mera ilusión donde la moda afecta su figura apoyado en el manifiesto cubista de Apollinaire “Ante todo, los artistas son hombres que quieren hacerse inhumanos”[2], fuera de  regla y mutando dentro de la imagen de estado siendo esa parte de rezagados, anormales dentro de la sociedad tan solo buscan preguntas por responder. Ahora tan solo es la idea fashionista donde el artista se considera ese personaje místico. Siempre cool, bohemio e interesante es un producto, ayudando a apartar al artista de su misterio.
Es la muerte la que rodea al artista en una esfera social donde lo bien elaborado  es arte desde el deporte a la guerra, destruyendo ideales convirtiendo en mercancía el sentir, el arte se desvaloriza, el arte  pierde  esencia. Esto no puede significar para el artista más que la máscara de la muerte: la moda. A partir del concepto de biopolítica de Foucault el control de la vida,  donde se le hace una afrenta al cuerpo, el placer y el materialismo que ensalzan al ser alejándolo de la esencia de el mismo  entrando en esas dinámicas de poder que subyugan a todos dentro de las redes de sujetos, que entraman la realidad colectiva busca establecer a través de sus ciencias como la estadística de dictaminar cuantos han de ser  los hombre y mujeres que han de seguir un oficio a partir de números.  Es la misma producción de los cuerpos la que convive con nosotros en estas sociedades de control llenas de versatilidad y frialdad para construir al mismo cuerpo para un fin ulterior.
Hacer del sentir, es vivir; ese amor al peligro, la exaltación de la energía se va disolviendo dentro de una sociedad liquida que busca ostentar tan solo números dejando de un lado la importancia del cambio que ahora no es más que la diáspora de un sueño húmedo. Dentro de una desilusión estética” la práctica artística se acabo. El genio de la mercancía, el genio maligno de la mercancía suscita en el fondo cierro genio maligno  de la simulación”[3]. El artista es aquel  que resiste con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar rastros (Michaux), hoy tan solo se ven figuras jóvenes que buscan simular y no construir en verdad llegan a ufanarse con tal solo llegar a producir una ilustración, es la orgia  de imágenes, donde todos buscan  ser parte y proclamarse de algo que no es algo sino es especulación. El arte ha llegado a ser pantalla de las que la imagen ha desaparecido donde al igual que el cuerpo resulta ser producido… ya no hay necesidad de  crear.
El arte ha de volver a la sensación, “el valor más alto y mas liberador en el arte-y en la crítica- de hoy es la transparencia. La transparencia supone experimentar la luminosidad del objeto en sí, de las cosas tal como son”[4].Hoy dentro de la época de las TIC´s  nos vemos agobiados por tanta imagen, información y poca sensación se olvidar la sensibilidad del cuerpo, la mente, peor aún abandonamos el alma, en nuestra cultura de exceso, el resultado es la hecatombe de nuestra experiencia estética, donde la hermenéutica nos acoge… lo más fiable es  maniobrar  encontrar el ars erótica del arte.
El arte,  luego de tanta multiplicidad…espectador y artista se ven, en la premisa de Jacques Ranciére “El que ve no sabe ver”, esta presuposición muestra como el arte no a viva al espectador sino le muestra todo tan masticado que no hay que pensar, la figura de descenso se esfuma no existe cuando la obra se entiende por encima y no se analiza, ese proceso de entendimiento se va. La emancipación llega  a ser el momento en que  el sujeto afirma su capacidad para ver lo que se ve y para saber que pensar y como usar ello, es la afirmación de sujeto.   Dentro de la posibilidad de autenticidad que brinda el arte se ve el artista atacado por esa era de la ironía donde se desea que sea, no que se llegue a ese deseo, en el mundo posmoderno  todas las distinciones son fluidas, esa ironía paso a ser reemplazada por la “era del glamour”[5] en la cual la apariencia  se consagra como verdad.
El artista se consagra como ese producto de deseo a la sociedad, donde siempre se ha tornado como un ser sacro, sensible e inmortal; el arte que no existe en forma hasta que es materializado en la obra. La masificación de la producción de artistas muestras esa  idea de construcción, con tanta demanda se desvaloriza su papel. Es un proceso  de deconstrucción. La libertad de considerar a la vida como una salida que busca re significar cada instante y el eje ha de ser el artista.


[1] Los estados estéticos y los no estéticos. La fuerza artística. Lo clásico y lo romántico. La belleza y la fealdad. Nietzsche
[2] Manifiesto cubista, Guillaume Apollinaire
[3]La ilusión y la desilusión estéticas, Jean Baudrillard, Monte Ávila Editores
[4] Contra la interpretación, Susan Sontag, Letra Editorial
[5]  El espectador emancipado, Jacques Ranciére

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